La fotógrafa documental de familias Emily Renier explica el uso que hace del blanco y negro para celebrar la vida cotidiana
Emily Renier empezó como profesora adjunta en una escuela de primaria y más adelante dio el salto para convertirse en fotógrafa profesional.
«Como le pasa a mucha gente, es un verdadero cliché, bien entrada en la década de los 30 años empecé a sentir la crisis de la mediana edad», cuenta. «Me había dejado la piel trabajando y me di cuenta de que estaba en un entorno tóxico. Me quemé y decidí dejar el sector por completo».
Al darse cuenta de que buena parte de su vida se había convertido en un ejercicio por mantener las apariencias, Emily quiso darle un cambio radical a su carrera profesional y, para ello, trató de cambiar la percepción que tienen las personas de la vida cotidiana.
«Cuando empecé a trabajar con la fotografía, decidí que quería hacer algo para ayudar a otras personas que podrían estar pasando por algo similar a lo que estaba pasando yo, para que se dieran cuenta de que esforzarse por aparentar algo que no es real, es perjudicial para ti como persona», explica.
«Si mis imágenes pueden celebrar la vida tal como es, especialmente la vida cotidiana, y hacer que incluso las cosas feas parezcan hermosas, entonces tal vez todos podamos esforzarnos por dejar de ser algo que no somos y sentirnos más en armonía con lo que realmente somos».

Hallar la belleza en el día a día
Para Emily, transformar momentos aparentemente mundanos en hermosas fotografías depende de la luz y de cómo narres la historia.
«Como fotógrafa, te obsesionas con la luz», explica. «Ahora casi veo la vida en blanco y negro, para mí la luz es algo que deja huella en todo.
»Si entro en una habitación y veo que la luz desde una ventana cae sobre un objeto, me parece increíblemente hermoso e intensamente conmovedor. »En cierto modo hay algo como de querer imprimir luz, que es exactamente lo que es la fotografía, y mostrar cómo este arte puede hacer que cualquier elemento mundano sea hermoso».
Emily utiliza la función Simulación de película en sus cámaras de la serie X para previsualizar todas sus fotos en blanco y negro, a pesar de grabar en RAW y tomar las decisiones finales sobre los colores de sus fotos en posedición.

«Uso ACROS cuando fotografío, porque de esa manera veo mejor la luz. Y también siento mejor a las personas. Entrego imágenes en color, pero si pudiera elegir entregar solo imágenes monocromáticas, lo haría», afirma. «Sin embargo, a las familias les gustan un poco ambas, así que se trata más bien de una decisión comercial».
Las limitaciones impuestas por la fotografía en blanco y negro requieren un enfoque más deliberado de la narración visual, afirma Emily. «Tengo una gran preferencia por la monocromía. »Al trabajar en blanco y negro, la composición se vuelve mucho más difícil, porque hay que marcar realmente una buena separación.
»No puedes confiar en los colores para dar sentido a la imagen, así que tienes que asegurarte de que haya una narrativa sólida en la foto para darle suficiente estructura.
»También hago un poco de fotografía callejera y ese es justo el motivo por el que me resulta difícil tomar fotografías callejeras en blanco y negro. »Es difícil contar una historia en monocromía y, por lo tanto, te reta a centrarte en la narrativa de la imagen».

Un enfoque documental
Un servicio fotográfico único que Emily ofrece es trabajar de forma intermitente con las familias durante un período de años, creando una galería de gran alcance que documente sus vidas cotidianas.
«Se nos da muy bien destacar los grandes momentos de nuestra vida, como una boda o el nacimiento de un niño, sin darnos cuenta de que lo más hermoso es el duro trabajo que hacemos día tras día», afirma.
«Hay un escritor llamado Alain de Botton que dice que el amor no es una emoción, es una habilidad. Creo que cuando lo das todo en la vida diaria, desarrollas una gran habilidad para amarla, con todos sus defectos. Por tanto, cuando tomas una foto de esos defectos, demuestras tu habilidad para apreciar la vida en todo su esplendor».

Inevitablemente, este tipo de sesión es muy diferente a fotografiar a personas en un evento emblemático como una boda. Un aspecto importante de esa diferencia se debe a cierta sensación de familiaridad que solo se puede lograr con el transcurso del tiempo.
«Hay una familia con la que he trabajado durante cinco años, así que los niños están completamente acostumbrados a que yo y mi cámara estemos siempre en medio, porque han trabajado conmigo muy a menudo», describe Emily.
«En la primera sesión, siempre hay mucho posar para la cámara. Incluso los adultos, como no tienen una relación establecida con la cámara, no están seguros de lo que deben hacer.
»A medida que me van conociendo y ven que lo único que estoy haciendo es tomar un café y charlar, pero que por casualidad tengo mi cámara conmigo, dejan de actuar y se limitan a vivir».

«La noción de que la cámara es completamente invisible y que la gente se va a olvidar de que está ahí no es posible. Como fotógrafos, de una manera u otra, siempre vamos a marcar la escena».
Sin embargo, en raras ocasiones y casi exclusivamente con los clientes con los que Emily ha establecido una fuerte conexión personal, la cámara puede volverse completamente invisible para aquellos que están siendo fotografiados. «A veces, cuando trabajo con una familia durante mucho tiempo, se comprometen completamente con lo que estoy haciendo», explica.
«El porcentaje de las familias con las que trabajo que entiende de verdad lo que estoy tratando de hacer es realmente muy bajo; muchos actúan un poco más, ya que quieren fotos de su vida cotidiana donde su familia parezca perfecta. Por eso es difícil para los fotógrafos ganarse la vida con la fotografía documental familiar».

Kit FUJIFILM para fotografía documental
Confiando totalmente en la luz natural, la configuración fotográfica de Emily consta de tres cámaras de la serie X, equipadas con objetivos fijos de gran apertura.
«Utilizo dos FUJFILM X-H2Ss, una con el FUJINON XF 18 mm F1.4 R LM WR y la otra con el FUJINON XF 56 mm F1.2 R», indica. «Mi tercera cámara es la FUJIFILM X-T5, que uso con el FUJINON XF 23 mm F1.4 R LM WR o el XF 33 mm F1.4 R LM WR.
«No cabe duda de que la X-T5 es mi cámara favorita, pero no puedo hacer ningún trabajo sin la X-H2S. Cuando trabajas con niños, te das cuenta de que no se quedan quietos en el momento decisivo durante más de medio segundo».
Diseñado para una velocidad sin concesiones, el sensor X-Trans CMOS 5 HS apilado y el procesador X-Processor 5 de la FUJIFILM X-H2S permiten la fotografía de ráfagas a alta velocidad de hasta 40 fotogramas por segundo, mientras que el sistema de estabilización de imagen en el cuerpo (IBIS) ofrece hasta 7,0 puntos de estabilización de imagen.

«Como trabajo en casa de la gente, a menudo, durante esas tardes de noviembre oscuras y lluviosas cuando no hay luz, gracias a IBIS, puedo bajar unos pasos y dejar entrar la mayor cantidad de luz posible, y aún así tengo suficiente en la cámara para lograr fotos rápidas de niños pequeños que corren a toda velocidad», explica Emily.
«La gente siempre me pregunta por qué uso tres cámaras cuando la mayoría de los fotógrafos documentales solo tienen dos. Es mi configuración y a mí me funciona muy bien. Ha habido momentos en los que he intentado reducir a dos, pero siempre me encuentro con que me falta un objetivo específico».
Aunque un objetivo con zoom ofrecería más versatilidad, Emily prefiere las aperturas más amplias que le ofrecen sus fijos. «La verdad es que nunca he usado objetivos con zoom. Trabajo en momentos en los que la cantidad de luz es mínima y un objetivo con zoom eliminaría la luz que necesito. Los fijos también te dan un resultado hermoso; para mí, no hay comparación».

El poder de la empatía
Aunque una técnica fotográfica excelente es vital para el trabajo de Emily, ella opina que la mayor parte de su especialización reside en su capacidad para comunicarse con sus clientes y comprenderlos.
«Se podría decir que las habilidades interpersonales son el 90 % del trabajo, mientras que el 10 % se basa en las habilidades para la fotografía», afirma. «FUJIFILM ha creado cámaras tan increíbles que prácticamente pueden hacer cualquier foto que desee. Pueden pensar por sí mismas y producir estas imágenes absolutamente increíbles.
»Se podrían dejar en modo automático y harían solas todo el trabajo. No es mi manera de trabajar, estoy obsesionada con que todo sea manual, pero lo que quiero decir es que no tienes que preocuparte demasiado por la cámara».

«El 90 % va de trabajar mucho para comprender la psicología y el comportamiento humanos», afirma Emily.
«Me interesa mucho la psicología humana. Y como trabajé en educación durante 12 años, estoy acostumbrada a relacionarme con todo tipo de gente, con necesidades diferentes. Te haces una idea de cómo se sienten las personas en cada momento, qué les molesta, qué les hace felices.
»Te transmite la sensación de cuánta distancia hay que dejar a la gente y de cuándo hay que dejar de tomar fotos. Me encanta la pureza de un momento, pero también priorizo la necesidad de espacio de las personas por encima de mis fotografías. Es algo que está relacionado con respetar los límites de las personas y solo puede hacerse si se siente una profunda empatía por ellas».