Fui al desierto con una idea tonta: buscar a un fantasma. Uno que huele a celuloide, a pólvora y a tiempo detenido.
Desde niño, el cine de Sergio Leone me enseñó a mirar. Sus planos abiertos, sus silencios tensos, sus personajes hechos de polvo y de cicatriz. En especial El bueno, el feo y el malo, con su violencia estilizada, su humor seco, casi castellano -como un servidor-, y ese duelo final como liturgia del encuadre.
Volví al lugar donde rodaron parte de aquella y de muchas otras películas —Tabernas, Almería—, a ver si aún quedaba algo de aquello. Aunque solo fuera el eco. En pleno julio, en el desierto, sin concesiones. Llevé conmigo únicamente la nueva Fujifilm X-E5 y el Fujinon XF 23mm f/2.8 R WR. Una combinación ligera, discreta, directa, como un Colt Peacemaker bien engrasado.


Todo el trabajo está hecho SOOC (straight out of the camera), sin edición ni recorte posterior, casi como un acto de rebeldía: una defensa del error, del color mal medido, del encuadre torcido. Una forma de reclamar lo humano en medio de este mundo de inteligencia artificial que todo lo pule y lo perfecciona. Porque la belleza está, también, en lo que no encaja del todo.


Disparé como se reacciona ante un duelo: sin pensar mucho, solo sintiendo. Como si la cámara fuera una extensión del cuerpo. Usé la simulación de película Fujifilm Velvia como quien pone una vieja canción para recordar. Colores saturados, contrastes fuertes, intensidad sin pedir permiso. Con Velvia no busco la verdad, sino su versión más exagerada y más dolida. El mundo en Velvia parece un decorado… pero uno que aún respira.
Pisé las badlands y los pueblos falsos. Los parques temáticos y los restos de rodajes legendarios. Y allí estaba todo: el polvo, el calor, el viento, el silencio con cuchillo. Los decorados, medio vencidos por el sol, siguen en pie como viejos actores esperando una última toma. Y yo, detrás de la cámara, casi podía ver a Leone agazapado tras una esquina, componiendo su encuadre final.


Once Upon a Time in Velvia es eso: una historia contada con luz, con sudor, con polvo y con color. No aspira a ser verdad. Ni falta que hace.
No fotografié el desierto: lo soñé con los ojos abiertos.
Porque hay lugares que solo existen cuando alguien los recuerda.
Y si miras bien, quizá todavía se vea, a lo lejos, a Sergio Leone cabalgando hacia el último plano.
Gracias, maestro, por enseñarnos que el silencio también se encuadra, que la épica cabe en una mirada, y que a veces basta con polvo, luz y espera para contar una historia que no se olvida.
Este trabajo, aunque imperfecto, va por usted.



“Cuando se dispara, se dispara… no se habla.”
– Tuco (Eli Wallach), El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone, 1966.
*Agradecimientos a MiniHollywood Oasys, Fort Bravo Texas Hollywood, Western Leone y a la ciudad de Tabernas (Almería, España)
FS RECIPE
FILM SIMULATION : Velvia
MONOCHROMATIC COLOR :N/A
GRAIN EFFECT : WEAK, SMALL
COLOR CHROME EFFECT: WEAK
COLOR CHROME FX BLUE: WEAK
SMOOTH SKIN EFFECT : OFF
WHITE BALANCE: DAYLIGHT/ R +2, B -5
DYNAMIC RANGE: DR100
D RANGE PRIORITY: OFF
TONE CURVE: H -2, S +3
COLOR: +3
SHARPNESS: 0
HIGH ISO NR: -3
CLARITY: -4